Pequeños apuntes de la historia reciente de Benidorm

Personalmente he de decir que Benidorm es una de mis ciudades favoritas, influye haber nacido en ella al igual que mis antepasados. Por suerte, he vivido un Benidorm pueblo, cuando salíamos a la calle los vecinos en verano para cenar “a la fresca”. Donde cada uno aportaba lo que tenía en casa y compartía sus viandas.Benidorm primitivo Cada noche pasaba el encargado de regar los geranios que adornaban las paredes de las calles del casco antiguo  y con su carrito con agua y su cazo al final de un palo se aplicaba gustosamente a sus deberes. También me viene a la memoria aquel señor que iba encendiendo las farolas de la pared una a una y que al poco iba llegando  alguna lagartija mientras nosotros contemplábamos encantados la escena de su voraz apetito de insectos. Cuando llegaba el invierno encendíamos la chimenea y nos reuníamos alrededor para cenar. Tostábamos desde el pan hasta los embutidos, la carne, las castañas y todo lo que fuese digno de una mesa. Sí, en invierno también hace frío en Benidorm.

Siendo hija de un pescador de Almadraba que surcó las aguas del Mediterráneo en busca de los más grandes ejemplares de este preciado pez, el atún, entre los años 40 y 60, puedo decir que jamás faltó en casa la preciada mojama y su carne. Mis recuerdos sobre esta especialidad culinaria se remontan a finales de los 70 cuando mi padre, a pesar de haberse retirado de este trabajo, continuó saliendo a pescar cada fin de semana como muchos benidormenses, y al volver poníamos el bonítol, otro manjar, a secar dentro de unas jaulas hechas para que no les picara ningún insecto, e incluso colgados con una cuerda, que bajábamos – a veces sin permiso –  para darle un buen bocado cuando ya estaba seco. Por supuesto, con estos pescados se hacían todo tipo de arroces, caldosos, secos o melosos. Podemos decir orgullosos que este arte de pesca se inició aquí, y que los capitanes almadraberos enseñaron a sus discípulos de Barbate y otros pueblos de Cádiz. Peixquera

Fuimos el primer municipio de España en permitir el bikini en sus playas en los años 50, lo que nos supuso una amonestación por parte de la estricta censura que vivía España en esos tiempos de la dictadura franquista. El entonces alcalde D. Pedro Zaragoza, después de que la Guardia Civil multase con 40 mil pesetas a una turista por llevarlo como única prenda, legalizó su uso y estableció sanciones contra aquellos que insultasen o importunasen a las mujeres que lucían bikinis tanto en la playa como en las calles de Benidorm. Algunos vecinos denunciaron el escándalo al Arzobispo de Valencia que inmediatamente le quiso excomulgar. Ante esta situación, el alcalde pidió respaldo al Obispo, al Gobernador Civil de Alicante y al Ministro de Gobernación pero no encontró apoyo. A continuación, cogió su Vespa y se dirigió a Madrid para hablar personalmente con el general Franco en el Palacio del Pardo, consiguiendo su consentimiento. Quizás tuvo que ver su amistad personal y que Doña Carmen Polo también visitaba de vez en cuando el chalet del Alcalde. Como castigo, el Obispo de Orihuela le amenazó con poner un cartel a la entrada del pueblo con las palabras “El Infierno” y a consecuencia de ello, el Padre Perona, decidió llevar a cabo una “Gran Misión” consistente en llevar a hombros una gran cruz hasta la cima de Sierra Helada, llamando a este acto “El Día del Perdón”. Rosa Devesa

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